Rose Valland: la mujer que siguió el rastro del arte robado por los nazis
Rose Valland registró en secreto el destino del arte saqueado por los nazis. Sus notas ayudaron a recuperar obras y a identificar a sus propietarios.
Rose Valland registró en secreto el destino del arte saqueado por los nazis. Sus notas ayudaron a recuperar obras y a identificar a sus propietarios.
Durante 48 años, Ruth Belville llevó la hora de Greenwich a sus clientes de Londres. Su reloj de bolsillo siguió teniendo trabajo en la época del telégrafo y la radio.
Zitkála-Šá narró el corte de su cabello en un internado y convirtió aquella experiencia en una lucha por la educación, la ciudadanía y los derechos indígenas.
En 1781, Bett y Brom demandaron a John Ashley y obtuvieron su libertad. Los documentos del juicio permiten seguir el caso de la mujer que adoptó el nombre Elizabeth Freeman.
En diciembre de 1848, Ellen y William Craft escaparon de Georgia viajando a la vista de todos: ella fingía ser un esclavista blanco enfermo y él, su sirviente.
Robert Smalls y sus compañeros aprovecharon las señales del puerto de Charleston para sacar a sus familias a bordo del Planter el 13 de mayo de 1862.
El bolso, los trámites en Londres y las conexiones de barcos y trenes permiten reconstruir la vuelta al mundo de Nellie Bly entre 1889 y 1890.
El testimonio de Lucille y Fejga permite seguir la ruta que abrieron los visados de Sugihara: de Lituania a Japón y Estados Unidos en 1940.
Las dos anotaciones de Victory Point y el testimonio de Louie Kamookak permiten reconstruir qué sabemos del final de la expedición Franklin.
Jeanne Baret embarcó como ayudante de botánica porque las mujeres estaban excluidas de los navíos franceses. Su trabajo fue esencial y su reconocimiento llegó tarde.
Janusz Korczak defendió que los niños eran personas del presente, no adultos incompletos. En el orfanato de Varsovia convirtió esa idea en prácticas de participación y cuidado.
El Támesis llevaba años recibiendo residuos, pero en 1858 el calor llevó el olor hasta el Parlamento y convirtió una crisis sanitaria postergada en decisión política.
Una advertencia, refugios y barcos pequeños permitieron que más de 7.000 judíos escaparan de Dinamarca. El rescate fue amplio, pero no perfecto ni inevitable.