Historias sorprendentes

Nellie Bly: la reportera que dio la vuelta al mundo en 72 días

El bolso, los trámites en Londres y las conexiones de barcos y trenes permiten reconstruir la vuelta al mundo de Nellie Bly entre 1889 y 1890.

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El bolso de Nellie Bly medía unos 41 centímetros de ancho por 18 de alto. Tenía que contener la ropa de recambio, los artículos de aseo y los materiales con los que escribiría durante una vuelta al mundo. El 14 de noviembre de 1889 lo llevó a bordo del Augusta Victoria, en Hoboken. El New York World enviaba a su reportera a superar los ochenta días del viaje ficticio de Phileas Fogg.

El equipaje era una decisión de trabajo

Sus editores habían objetado que una mujer necesitaría acompañante y demasiado equipaje. Viajar con un bolso que ella misma pudiera cargar reducía una dependencia concreta: no tenía que esperar a que alguien trasladara varios baúles cuando cambiaba de tren o de barco.

La lista que Bly incluyó en su relato contiene plumas, lápices, papel y un tintero junto a la ropa y los artículos personales. Era el equipaje de una pasajera que también debía trabajar. El vestido de viaje se preparó poco antes de la salida; su imagen acabaría formando parte de la publicidad del periódico.

Una reportera que ya había entrado en Blackwell’s Island

Nacida en Pensilvania como Elizabeth Jane Cochran, Bly comenzó a escribir para el Pittsburgh Dispatch después de enviar una carta en respuesta a una columna que limitaba el papel de las mujeres al hogar. Más tarde se trasladó a Nueva York.

En 1887 había logrado ingresar en el asilo femenino de Blackwell’s Island fingiendo una enfermedad mental. Pasó diez días allí y escribió sobre las condiciones de las internas. El viaje alrededor del mundo llegó cuando ya tenía experiencia convirtiendo una investigación realizada en primera persona en una serie periodística.

En Londres todavía tuvo que resolver el pasaporte

El tercer capítulo de su libro permite observar lo que desaparece en un mapa de la ruta. Después de cruzar el Atlántico pasó por la oficina londinense del World, recibió los cables que la esperaban y acudió a la legación estadounidense a obtener un pasaporte, siguiendo instrucciones que le habían enviado.

El corresponsal también le transmitió una invitación de Julio Verne y su esposa para visitarles en Amiens. Bly quería conocerlos, pero primero tuvo que considerar si el desvío encajaba con sus conexiones. Finalmente hizo la visita. Su relato alterna estas gestiones con observaciones de los compartimentos ferroviarios y de una ciudad vista deprisa entre un traslado y otro.

La ruta continuó por Italia, Suez, Ceilán, Singapur, Hong Kong y Japón. Un barco perdido no costaba solamente las horas de retraso: podía obligarla a esperar la siguiente salida. El recorrido dependía de horarios comerciales, de las conexiones entre puertos y de decisiones tomadas mientras viajaba.

Otra periodista avanzaba en sentido contrario

Elizabeth Bisland salió el mismo 14 de noviembre por encargo de Cosmopolitan. Mientras Bly cruzaba el Atlántico hacia Europa, Bisland se dirigía hacia el oeste. La competencia entre publicaciones añadió una segunda viajera real al desafío que había nacido de una novela.

El World publicaba noticias sobre el avance de Bly y organizó un concurso para adivinar la duración del recorrido. Los cables permitían enviar avisos breves; las crónicas extensas dependían de otros plazos de transmisión y publicación. La rapidez de la noticia no era siempre la misma que la del texto donde la reportera desarrollaba lo observado.

El último tramo dependió de un tren especial

Después de cruzar el Pacífico, Bly llegó a San Francisco. Su periódico organizó un tren especial para acelerar el regreso al este. Esa intervención fue parte del resultado: la reportera había viajado sola, pero contaba con recursos y una red empresarial que podían modificar las condiciones del trayecto.

El 25 de enero de 1890 llegó a Nueva Jersey después de 72 días de viaje. Había superado el tiempo de la ficción y completado una cadena real de barcos, trenes y trámites. El bolso pequeño seguía siendo reconocible en las imágenes con las que el periódico celebró el regreso; el libro que publicó después conservó las gestiones, los desvíos y las observaciones que aquel equipaje había acompañado.

Fuentes consultadas

Sobre Duber Rodríguez

Fundador y responsable editorial de Datos Históricos. Coordina la selección de temas, el contraste de fuentes, la redacción y la revisión final de las publicaciones.