Vidas inolvidables

Ellen y William Craft: la pareja que escapó fingiendo ser amo y sirviente

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La mañana del 21 de diciembre de 1848, William Craft caminó hacia la estación ferroviaria de Macon, Georgia, unos pasos detrás de su esposa. En público no podía tomarla de la mano ni llamarla por su nombre. Durante los siguientes cuatro días tendría que fingir que Ellen era su dueño y que él era el hombre al que ella poseía.

No llevaban armas, documentos de libertad ni una ruta escondida entre bosques. Su plan consistía en viajar abiertamente por trenes, barcos y estaciones controladas por una sociedad que consideraba legal la esclavitud. Para sobrevivir, emplearían las propias reglas de aquella sociedad como disfraz.

Ellen se presentaría como un joven esclavista blanco que viajaba al norte por razones de salud. William caminaría detrás de ella, cargaría el equipaje y actuaría como su sirviente esclavizado. Si una sola persona descubría que Ellen era una mujer, que William era su esposo o que ninguno tenía permiso para abandonar Georgia, los dos podían ser capturados.

Una familia marcada por las ventas

William había nacido en 1824 y Ellen en 1826. Ambos vivían sometidos a la esclavitud en Macon. William aprendió el oficio de ebanista, pero parte del dinero producido por su trabajo era entregado al hombre que legalmente lo poseía.

Durante su infancia había visto cómo la venta separaba a integrantes de su familia. Aquella experiencia no era excepcional: la posibilidad de ser vendidos y enviados a lugares diferentes acompañaba constantemente a las familias esclavizadas.

Ellen era hija de una mujer esclavizada y de un hombre blanco que también era su esclavista. Su piel clara provocaba que con frecuencia fuera confundida con una persona blanca. Esa circunstancia dolorosa terminó convirtiéndose en una pieza central del plan de fuga.

Los dos se casaron, aunque su matrimonio carecía de protección legal. Sabían que podían ser vendidos por separado y que cualquier hijo que tuvieran nacería bajo la misma condición de esclavitud. Escapar era una decisión peligrosa, pero permanecer significaba aceptar que otra persona conservara el poder de destruir su familia.

Una identidad construida para no escribir

En el sur de Estados Unidos de 1848, una mujer blanca que viajara sola podía despertar preguntas. También resultaba difícil explicar por qué un hombre blanco adulto no podía firmar documentos. Ellen y William tuvieron que construir una identidad capaz de responder a ambas dificultades.

Ellen se cortó el cabello, utilizó un sombrero de copa, gafas de cristales verdes y ropa masculina. Se colocó un vendaje alrededor del rostro y el cuello para aparentar una enfermedad. Caminaba con bastón, simulaba una leve cojera y fingía tener dificultades para escuchar.

La parte más ingeniosa del disfraz estaba en su brazo derecho. Ellen no sabía escribir porque las leyes y costumbres de la esclavitud le habían negado una educación formal. Para impedir que alguien le exigiera firmar, llevó el brazo dentro de un cabestrillo. Así podía explicar que una lesión le impedía utilizar la mano.

Adoptó el nombre de “señor William Johnson”. Ante los demás pasajeros, aquel joven enfermo viajaba acompañado por un hombre esclavizado que supuestamente era de su propiedad.

William y Ellen solicitaron pases para ausentarse durante las celebraciones navideñas. La autorización temporal retrasaría la alarma cuando sus esclavistas descubrieran que habían desaparecido.

El hombre que conocía su rostro

Salieron de la casa por separado y se reunieron en la estación de Macon. Ellen compró los billetes. Después comenzó el trayecto de unos 320 kilómetros hasta Savannah.

El peligro apareció casi inmediatamente. Un hombre llamado Cray, conocido de la familia que esclavizaba a Ellen, se sentó cerca de ella. Había visto su rostro anteriormente y podía reconocerla.

Ellen evitó mantener una conversación normal. Fingió no escuchar sus preguntas y permitió que su apariencia enfermiza explicara el silencio. El hombre no descubrió quién viajaba realmente a su lado.

Mientras tanto, William debía conservar la distancia que la sociedad esperaba entre un esclavista y una persona esclavizada. No podía acercarse a Ellen para preguntarle si estaba bien. Tampoco podía intervenir si alguien la interrogaba. Para proteger su matrimonio tenían que fingir públicamente que entre ellos solamente existía una relación de propiedad.

Un barco hacia Charleston y una propuesta inquietante

Desde Savannah abordaron el vapor General Clinch con dirección a Charleston, Carolina del Sur. Durante el viaje, un comerciante de esclavos se acercó al supuesto señor Johnson y trató de convencerlo de vender a William.

Ellen tuvo que rechazar la propuesta sin mostrar miedo ni indignación. Una reacción demasiado emocional podía revelar la relación que existía entre los dos. William, presente durante el intercambio, debía permanecer en silencio mientras escuchaba cómo desconocidos discutían la posibilidad de comprarlo.

La escena mostraba la violencia cotidiana de la esclavitud sin necesidad de cadenas visibles. Para los demás pasajeros, negociar el precio de una persona era una conversación aceptable. Para Ellen y William, era el recordatorio de lo que ocurriría si el disfraz fracasaba.

La firma que podía descubrirlos

En Charleston apareció otra dificultad. Un empleado encargado de vender los billetes pidió al supuesto señor Johnson que firmara el registro de pasajeros.

Ellen señaló el brazo inmovilizado y explicó que no podía escribir. El empleado se mostró desconfiado. La imposibilidad de firmar podía revelar que aquel viajero no tenía la educación esperada de un hombre blanco acomodado.

La tensión terminó cuando otro pasajero aceptó firmar en su nombre. El cabestrillo había cumplido exactamente la función para la que fue diseñado.

La pareja continuó por Wilmington, Richmond, Fredericksburg y Washington. En cada ciudad debía comprar nuevos billetes, entrar en hoteles o salas de espera diferentes y responder preguntas sin contradecir la identidad inventada.

Retrato histórico de William Craft, quien escapó de la esclavitud junto con Ellen Craft
William Craft, ebanista, escritor y abolicionista. Imagen histórica reproducida por el National Park Service.

La última barrera en Baltimore

En la víspera de Navidad llegaron a Baltimore, la última gran estación antes de entrar en Pensilvania, un estado libre. Allí enfrentaron el momento más peligroso del recorrido.

Un funcionario ferroviario se negó inicialmente a permitir que William continuara. Exigía una prueba que demostrara que el supuesto señor Johnson tenía derecho a viajar con él. También consideró la posibilidad de exigir una garantía económica antes de dejar salir del estado a una persona esclavizada.

Ellen insistió en que debían continuar el viaje. Sin embargo, no podía presentar ningún documento auténtico. La pareja quedó atrapada a pocos kilómetros de la libertad por las mismas normas que convertían a William en propiedad legal.

Finalmente, un conductor que los había visto durante el trayecto confirmó que ambos viajaban juntos. La campana de salida comenzó a sonar y el funcionario permitió que subieran al tren.

La decisión pudo haber sido diferente. No existía una garantía de que el disfraz, la explicación médica o la impaciencia del personal ferroviario fueran suficientes. Su supervivencia dependió de una combinación de planificación, disciplina y circunstancias que no podían controlar.

La mañana de Navidad

El 25 de diciembre de 1848, Ellen y William llegaron a Filadelfia. Habían cruzado más de mil kilómetros en aproximadamente cuatro días.

Allí fueron recibidos por integrantes de la comunidad abolicionista. Durante las semanas siguientes comenzaron a aprender a leer y escribir. Una de las primeras habilidades que practicaron fue escribir sus propios nombres, precisamente aquello que el cabestrillo de Ellen había tenido que ocultar.

Más tarde se trasladaron a Boston. William trabajó como ebanista y Ellen como costurera. También comenzaron a hablar en reuniones contra la esclavitud. Su fuga se convirtió en una demostración pública de la inteligencia y determinación de las personas que el sistema esclavista intentaba presentar como incapaces de decidir su propio destino.

Libres, pero todavía perseguidos

La llegada al norte no terminó con el peligro. En septiembre de 1850, el Congreso estadounidense aprobó una nueva Ley de Esclavos Fugitivos. La norma permitía capturar en estados libres a personas que hubieran escapado de la esclavitud y castigaba a quienes las ayudaran.

Agentes enviados desde Georgia llegaron a Boston con órdenes para detener a Ellen y William. Integrantes de la comunidad abolicionista los ocultaron y organizaron su protección. Durante varios días la ciudad se convirtió en escenario de una disputa sobre si la ley podía obligar a devolver a una pareja que ya vivía como libre.

Aunque los perseguidores abandonaron Boston, los Craft comprendieron que seguir allí era demasiado peligroso. El 7 de noviembre de 1850 volvieron a casarse, esta vez mediante una ceremonia reconocida legalmente por un estado libre. Después viajaron por Canadá y embarcaron hacia Inglaterra.

Una historia contada por sus protagonistas

Ellen y William vivieron cerca de veinte años en Inglaterra. Recibieron educación, participaron en actividades abolicionistas y formaron una familia con cinco hijos.

En 1860 publicaron Running a Thousand Miles for Freedom, el relato de su fuga. La obra permitió que la historia no quedara únicamente en manos de periodistas, admiradores o adversarios. Ellos mismos dejaron una versión escrita de las decisiones, obstáculos y contradicciones que encontraron en el camino.

Después de la Guerra Civil regresaron al sur de Estados Unidos. En 1873 establecieron en Georgia la escuela y granja cooperativa Woodville, concebida para ofrecer educación y oportunidades de trabajo a personas emancipadas.

El proyecto enfrentó dificultades económicas y ataques contra su reputación, pero representaba una continuación de la misma lucha. La libertad que habían buscado para ellos también debía traducirse en educación y autonomía para otros.

Ellen murió en 1891 y William en 1900. Su fuga permanece como uno de los episodios más extraordinarios de la historia abolicionista estadounidense, no solamente por el disfraz, sino por la contradicción que consiguió revelar.

Para atravesar una sociedad organizada alrededor de la supremacía blanca y la esclavitud, Ellen y William tuvieron que representar ante el público exactamente la jerarquía que buscaban abandonar. Durante cuatro días parecieron amo y sirviente. En realidad, eran dos personas casadas que se protegían mutuamente mientras avanzaban hacia la libertad.

Fuentes consultadas

Crédito y licencia de imagen

Imagen de Ellen Craft: grabado histórico reproducido por el National Park Service y procedente de las publicaciones de William Still.

Imagen de William Craft: retrato histórico reproducido por el National Park Service.

Licencia: imágenes históricas consideradas de dominio público por su fecha de publicación. Los enlaces a las fichas institucionales se incluyen en las fuentes consultadas.

Sobre Duber Rodríguez

Fundador y responsable editorial de Datos Históricos. Coordina la selección de temas, el contraste de fuentes, la redacción y la revisión final de las publicaciones.