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Elizabeth Freeman: la mujer esclavizada que llevó su libertad ante un jurado y ganó

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El 22 de agosto de 1781, un jurado de Massachusetts determinó que Bett y Brom no eran propiedad legal de John Ashley. El tribunal reconoció su libertad y concedió treinta chelines a cada uno. Tras décadas de trabajo forzado, aquella cantidad era pequeña, pero el fallo convirtió una promesa constitucional en una consecuencia jurídica.

Freeman, conocida hasta entonces como Bett, había llevado ante un tribunal la contradicción que atravesaba al nuevo estado. Massachusetts proclamaba que todos los hombres nacían libres e iguales, mientras familias influyentes continuaban manteniendo personas esclavizadas dentro de sus casas.

Retrato de Elizabeth Freeman, conocida anteriormente como Mum Bett
Elizabeth Freeman cerca de los setenta años. Retrato realizado en 1811 por Susan Anne Livingston Ridley Sedgwick. Acuarela sobre marfil perteneciente a la Massachusetts Historical Society. Dominio público. Consultar la ficha original.

La libertad discutida dentro de una casa esclavista

John Ashley era juez, militar, empresario y una de las figuras más influyentes de Sheffield, en el oeste de Massachusetts. También era el mayor esclavista de la localidad y posiblemente de todo el condado de Berkshire. Las investigaciones recientes han identificado al menos ocho personas sometidas a esclavitud por Ashley, entre ellas Bett, su hija Betsey y un hombre llamado Brom.

La casa de Ashley ocupaba un lugar particular dentro de la política local. En 1773, varios dirigentes se reunieron allí para elaborar las Resoluciones de Sheffield, un documento que defendía derechos individuales frente al poder británico. Bett vivía en la propiedad cuando se discutían aquellas ideas, aunque ningún documento permite afirmar que escuchara las deliberaciones.

Casa del coronel John Ashley en Sheffield, Massachusetts
Casa del coronel John Ashley en Sheffield, Massachusetts. Elizabeth Freeman vivió esclavizada en esta propiedad. Fotografía realizada por Daderot en julio de 2007. Licencia CC BY-SA 3.0. Consultar la ficha original.

La razón que no quedó escrita

Elizabeth Freeman no sabía leer ni escribir y no dejó un relato personal sobre la decisión que tomó en 1781. Con el paso del tiempo surgieron versiones según las cuales había escuchado las Resoluciones de Sheffield o una lectura de la Constitución de Massachusetts de 1780. Ninguna ha podido demostrarse mediante documentos contemporáneos.

Lo comprobable es que su demanda convirtió el lenguaje político de la época en un argumento jurídico. La nueva Constitución de Massachusetts afirmaba que todos los hombres nacían libres e iguales. Mantener seres humanos como propiedad parecía incompatible con ese principio, pero la contradicción todavía debía presentarse ante un tribunal.

Bett acudió a Theodore Sedgwick, abogado de Sheffield que conocía a la familia Ashley. Sedgwick aceptó representarla junto con el jurista Tapping Reeve. Brom participó como codemandante y el proceso quedó registrado como Brom and Bett v. Ashley.

Una demanda contra la propiedad de John Ashley

En mayo de 1781, los abogados solicitaron una orden judicial para recuperar a Bett y Brom de manos de Ashley. El recurso cuestionaba directamente su supuesto derecho de propiedad sobre ambos. El caso llegó al Tribunal de Causas Comunes del condado de Berkshire durante el verano.

Sedgwick y Reeve sostuvieron que la esclavitud no podía mantenerse bajo la Constitución estatal. El argumento obligaba al tribunal a enfrentar las palabras del nuevo orden político con la realidad cotidiana de Massachusetts. Si la libertad y la igualdad eran principios jurídicos, Ashley debía demostrar por qué Bett y Brom podían seguir siendo tratados como bienes.

El jurado falló a favor de los demandantes el 22 de agosto de 1781. Determinó que Bett y Brom no eran propiedad legal de Ashley y concedió treinta chelines a cada uno. Ashley inició una apelación, pero terminó abandonándola. La decisión quedó en firme.

El nombre elegido después del juicio

Bett comenzó a llamarse Elizabeth Freeman. El apellido expresaba una condición reconocida por el tribunal, pero su independencia material todavía debía construirse. La sentencia no le devolvió los años trabajados ni garantizó seguridad económica para ella y su familia.

Después del proceso, trabajó por un salario en la casa de Theodore Sedgwick. Los hijos de la familia la llamaban Mumbet. Con el tiempo fue conocida en Stockbridge por su trabajo como partera y sanadora.

En 1803 compró una casa y una granja de diecinueve acres en Stockbridge. Cuatro generaciones de su familia vivirían en aquella propiedad. Las investigaciones de The Trustees of Reservations la identifican como la segunda propietaria negra más acaudalada de la localidad.

Freeman conservó objetos familiares durante sus años de esclavitud y después de obtener la libertad. En el testamento que dictó antes de morir dejó a su hija Betsey varias prendas que habían pertenecido a sus padres. También sobrevivieron dos objetos estrechamente vinculados con ella: el collar de cuentas doradas que llevaba y el pequeño retrato en el que aparece usándolo.

Un fallo decisivo, pero no una abolición inmediata

El triunfo de Elizabeth Freeman y Brom no abolió por sí solo la esclavitud en Massachusetts. El estado nunca aprobó una ley que la eliminara en una fecha determinada. Tampoco hubo una única sentencia que liberara simultáneamente a todas las personas esclavizadas.

Su caso coincidió con los procesos judiciales emprendidos por Quock Walker. En conjunto, aquellas decisiones hicieron cada vez más difícil defender la esclavitud ante los tribunales estatales. Para 1790, el censo federal no registró personas esclavizadas en Massachusetts, aunque la desigualdad y distintas formas de coerción continuaron afectando a la población negra.

La sentencia tampoco transformó a John Ashley en abolicionista. Investigaciones recientes basadas en libros de cuentas, escrituras, registros judiciales y documentos familiares indican que buscó formas de mantener el trabajo esclavizado, especialmente en los estados vecinos de Nueva York y Connecticut.

Elizabeth Freeman murió en 1829. Su vida puede reconstruirse mediante expedientes judiciales, registros de propiedad, documentos familiares y recuerdos escritos por otras personas. Su propia voz permanece en gran medida fuera del archivo. Lo que sí quedó registrado fue la decisión que tomó en 1781: obligar a un tribunal a resolver si las promesas de libertad también debían aplicarse a una mujer que había sido considerada propiedad.


Fuentes consultadas


Créditos y licencias de las imágenes

Retrato de Elizabeth Freeman: acuarela sobre marfil realizada en 1811 por Susan Anne Livingston Ridley Sedgwick. Colección de la Massachusetts Historical Society. Imagen de dominio público. Consultar la catalogación original.

Casa del coronel John Ashley: fotografía realizada por Daderot en julio de 2007. Publicada mediante licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0. Consultar la imagen y su licencia.

Sobre Duber Rodríguez

Fundador y responsable editorial de Datos Históricos. Coordina la selección de temas, el contraste de fuentes, la redacción y la revisión final de las publicaciones.