Grandes personajes

Mary Anning: la buscadora de fósiles que obligó a imaginar un mundo desaparecido

Mary Anning recuperó fósiles marinos en los acantilados de Lyme Regis y aportó pruebas fundamentales sobre animales de un mundo remoto.

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Mary Anning pidió 110 libras por el esqueleto. En una carta de diciembre de 1823, explicó a Henry Bunbury por qué le daba prioridad sobre otro comprador y adjuntó un dibujo del animal. El cuello y la cabeza que describía podían modificar lo que los naturalistas sabían de los reptiles antiguos. Para ella, aquel hallazgo también tenía que sostener un negocio familiar.

Una economía familiar basada en la piedra

Anning nació en 1799 dentro de una familia con recursos limitados y perteneciente a una comunidad religiosa disidente. Su padre recolectaba fósiles para venderlos a visitantes. Después de su muerte, Mary, su madre y su hermano dependieron en parte de ese comercio.

La costa de Dorset contiene rocas jurásicas ricas en restos marinos. Encontrar un ejemplar exigía reconocer fragmentos, excavar con cuidado, preparar huesos y negociar con compradores. Anning desarrolló conocimientos anatómicos y geológicos mediante observación y práctica, fuera de una universidad.

Un esqueleto que parecía reunir animales distintos

Joseph Anning encontró un cráneo de ictiosaurio en 1811. Mary buscó el resto del animal y excavó su esqueleto durante los meses siguientes. Reconocer que aquellos huesos pertenecían a un reptil marino extinguido exigía compararlos con animales conocidos; encontrar la pieza y explicar su anatomía fueron trabajos relacionados, realizados por personas con recursos y posiciones diferentes.

El 10 de diciembre de 1823 apareció el plesiosaurio que Anning ofreció a Bunbury. Su cuello alargado y su cabeza pequeña despertaron sospechas: podía parecer una composición de huesos de especies distintas. Georges Cuvier cuestionó el hallazgo antes de aceptar su autenticidad tras las explicaciones de William Conybeare y William Buckland.

Anning también recuperó pterosaurios, peces y coprolitos. Buckland utilizó sus observaciones para interpretar estos últimos como excrementos fosilizados. La preparación del material conservaba relaciones entre huesos y restos que una extracción descuidada habría destruido.

Reconocimiento sin pertenencia institucional

Geólogos compraban especímenes, visitaban su tienda y utilizaban su experiencia. Sin embargo, las sociedades científicas excluían a las mujeres y muchas publicaciones aparecieron bajo nombres masculinos. Anning podía producir información decisiva sin acceder a los espacios donde esa información se convertía en prestigio académico.

No fue completamente desconocida en vida. Recibió apoyo de algunos científicos y una pensión de la Asociación Británica. Pero el reconocimiento era desigual y dependía de redes que podían citarla, omitirla o presentarla solo como comerciante.

Lo que conservan las cartas y las colecciones

Las dos cartas que guarda Wellcome Collection permiten seguir una negociación concreta. Anning comunicó el descubrimiento a Bunbury el 19 de diciembre de 1823; después le envió un dibujo y detalló el precio. Mencionó una oferta de cien guineas del coronel Thomas Birch y explicó por qué consideraba anterior la respuesta de Bunbury. Describía anatomía, comparaba ejemplares y cuidaba su relación con los compradores.

El fósil terminó en la colección del duque de Buckingham. Conybeare lo llevó a Londres para presentarlo ante la Geological Society el 20 de febrero de 1824. Su trabajo publicado permitió examinar la disposición de un esqueleto casi articulado, una prueba mucho más exigente que imaginar un animal a partir de huesos aislados.

Anning murió en 1847. Al año siguiente, el ejemplar del duque ingresó en el British Museum; hoy se conserva en el Natural History Museum. Las cartas permanecen en otra colección: reúnen la descripción de aquel mismo animal con la cantidad que su descubridora esperaba cobrar por él.

Fuentes consultadas

Sobre Duber Rodríguez

Fundador y responsable editorial de Datos Históricos. Coordina la selección de temas, el contraste de fuentes, la redacción y la revisión final de las publicaciones.