Roald Amundsen: la preparación que llevó la primera expedición al Polo Sur

Publicado el julio 19, 2026 | En Grandes personajes

Roald Amundsen llegó primero al Polo Sur, pero la diferencia no se explicó por una sola decisión heroica. Fue el resultado de ropa, perros, depósitos, rutas, experiencia y una disciplina logística que convirtió la preparación en ventaja.

El 14 de diciembre de 1911, Roald Amundsen, Olav Bjaaland, Helmer Hanssen, Sverre Hassel y Oscar Wisting llegaron al Polo Sur. Plantaron la bandera noruega y dejaron una tienda con mensajes. Su ventaja sobre la expedición británica de Robert Falcon Scott no fue una sola decisión brillante, sino una cadena de preparativos adaptados al hielo.

Un objetivo mantenido en secreto

Amundsen había planeado dirigirse al Polo Norte, pero cambió de objetivo después de las afirmaciones de que otros exploradores ya lo habían alcanzado. Mantuvo el nuevo destino en reserva incluso frente a parte de su tripulación hasta que el barco Fram estaba en ruta. La decisión provocó críticas y creó una competencia directa con Scott.

Instaló su base en la bahía de las Ballenas, más cerca del polo que la base británica. La ubicación sobre una barrera de hielo implicaba riesgos, pero reducía la distancia. Durante meses, el equipo colocó depósitos de alimentos y combustible señalizados con amplitud para facilitar el regreso.

Aprender del Ártico

Amundsen había convivido con inuit durante la expedición del Paso del Noroeste. Adoptó prendas de piel, técnicas de desplazamiento y una valoración práctica de los perros de trineo. Sus hombres eran buenos esquiadores y ajustaban el equipo constantemente. Los trineos fueron aligerados por Bjaaland, carpintero y campeón de esquí.

La expedición utilizó perros como fuerza de transporte y también sacrificó algunos para alimentar a otros animales y a los hombres. Fue una estrategia eficaz y dura, distinta de la combinación británica de ponis, tracción humana y pocos equipos caninos.

El viaje y el regreso

Después de un primer intento demasiado temprano que casi terminó en desastre, cinco hombres partieron en octubre de 1911. Encontraron una ruta por un glaciar que bautizaron Axel Heiberg, ascendieron a la meseta polar y realizaron mediciones para determinar la posición. Permanecieron varios días alrededor del punto calculado para reducir la posibilidad de error.

Regresaron a la base el 25 de enero de 1912. Scott y cuatro compañeros llegaron al polo más de un mes después y murieron durante el regreso. Esa tragedia influyó en la memoria británica y convirtió la comparación entre ambos líderes en un debate moral además de logístico.

Una victoria hecha de detalles

Amundsen no controló el clima ni eliminó el riesgo. Creó márgenes mediante depósitos, habilidades homogéneas, equipo probado y decisiones compatibles con el ambiente. Su éxito también se apoyó en conocimientos desarrollados por pueblos del Ártico, una deuda que los relatos heroicos europeos suelen reducir.

La llegada al Polo Sur fue un hito geográfico. Su lección más amplia es menos romántica y más útil: en condiciones extremas, la preparación repetida puede importar más que el gesto espectacular.

La épica suele ocultar el trabajo silencioso que hace posible sobrevivir

La comparación con la expedición de Robert Falcon Scott ha producido relatos demasiado simples: un noruego eficiente frente a británicos condenados por sus errores. Las condiciones, los objetivos científicos y las decisiones fueron distintas, y la tragedia de Scott no debe utilizarse como simple contraste dramático.

Nuestra lectura destaca algo menos espectacular pero más útil: Amundsen respetó conocimientos desarrollados en regiones polares, adaptó equipos y organizó márgenes de seguridad. Su éxito demuestra que la exploración no depende únicamente de valentía. La valentía sin planificación puede convertirse en una forma de imprudencia. También conviene recordar que alcanzar un punto geográfico fue presentado como conquista nacional sobre territorios que parecían vacíos, aunque la historia polar estaba conectada con saberes indígenas y rivalidades imperiales. El Polo Sur fue una meta, pero la verdadera diferencia estuvo en todo lo preparado antes de dar el primer paso.

El uso de perros fue decisivo y también genera incomodidad porque algunos fueron sacrificados para alimentar a otros animales y expedicionarios. Ocultar ese hecho produciría una épica limpia pero falsa. La exploración polar tuvo costos humanos y animales que formaban parte de la planificación, no accidentes ajenos a la hazaña.

Fuentes consultadas