Vidas inolvidables

Julieta Lanteri: la médica que encontró una puerta legal para votar en 1911

Julieta Lanteri consiguió votar en Buenos Aires en 1911 al demostrar que la norma municipal no excluía expresamente a una ciudadana. Después convirtió el precedente en acción política.

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El 26 de noviembre de 1911, Julieta Lanteri votó en una elección municipal de Buenos Aires. Había obtenido la ciudadanía argentina y consiguió inscribirse al advertir que los requisitos municipales no excluían expresamente a las mujeres. El episodio abrió una disputa sobre quién podía ejercer derechos políticos décadas antes del sufragio femenino nacional.

Ciudadanía construida paso a paso

Lanteri nació en Italia en 1873 y llegó a Argentina durante su infancia. Estudió medicina en una época en que muy pocas mujeres accedían a la universidad. Para ejercer plenamente derechos políticos necesitó obtener la ciudadanía argentina, un proceso que también encontró resistencias por su sexo.

Con apoyo judicial logró inscribirse en el padrón de la ciudad. El día de la elección votó en la parroquia de San Juan Evangelista. El episodio fue excepcional y visible, pero no abrió automáticamente las urnas a todas las mujeres. Poco después, nuevas reglas vinculadas al registro militar cerraron la vía que ella había utilizado.

De votante a candidata

Lanteri no se detuvo ante ese cambio. Como la ley electoral tampoco prohibía claramente la candidatura femenina, se presentó a diputada en 1919. Fundó el Partido Feminista Nacional y defendió igualdad civil, protección de madres y niños, educación y reformas laborales.

Su campaña utilizó conferencias, publicaciones y actos públicos. Recibió votos de hombres, los únicos habilitados de manera general. No ganó un escaño, pero convirtió la candidatura en una demostración política: una mujer podía formular un programa y pedir representación antes de tener reconocido el derecho colectivo a votar.

Un movimiento más amplio

La historia del sufragio argentino no pertenece a una sola figura. Alicia Moreau, Elvira Rawson, Cecilia Grierson y muchas organizaciones sostuvieron debates y campañas durante décadas. La ley nacional que reconoció los derechos políticos de las mujeres fue aprobada en 1947, quince años después de la muerte de Lanteri, y las mujeres votaron en elecciones nacionales en 1951.

Distinguir el voto municipal de 1911 del sufragio universal posterior evita una simplificación. Lanteri consiguió ejercer un derecho individual mediante una interpretación legal; el movimiento buscaba convertirlo en un derecho de todas.

Una muerte que dejó dudas

En 1932, un automóvil la atropelló en Buenos Aires. El conductor tenía vínculos con un grupo nacionalista, y el tratamiento inicial de la investigación alimentó sospechas sobre una posible acción intencional. No existe una conclusión documental definitiva que permita afirmarlo como asesinato.

Tres recortes para seguir la campaña de 1920

La Hemeroteca de la Legislatura porteña identifica tres piezas de La Razón que permiten buscar la campaña más allá de una biografía conmemorativa. La ficha distingue fecha, edición y página:

  • 6 de enero de 1920, quinta edición, página 5: convocatoria a una charla de Julieta Lanteri.
  • 6 de marzo de 1920, quinta edición, página 7: palabras de Lanteri durante la campaña.
  • 8 de marzo de 1920, quinta edición, página 1: ensayo electoral femenino.

Las referencias conducen a actividades diferentes: convocar una reunión, intervenir públicamente y representar un acto electoral. El último recorte se refiere a un ensayo; no acredita por sí mismo que las participantes estuvieran habilitadas para votar en los comicios oficiales. Confundir ambos hechos adelantaría varias décadas el reconocimiento nacional del sufragio.

El requisito militar también fue impugnado

La historiadora Adriana María Valobra documenta otra iniciativa de Lanteri: solicitó incorporarse al padrón militar para realizar la conscripción y acceder a los derechos políticos vinculados a ella. El pedido fue rechazado. La exclusión se sostenía así en un círculo: se negaba el voto por no cumplir un deber al que tampoco se permitía acceder.

El estudio sitúa estas acciones entre distintas estrategias sufragistas: candidaturas, simulacros y participación dentro o fuera de los partidos existentes. Esa variedad explica por qué una campaña sin banca obtenida puede tener importancia histórica. Los recortes permiten seguir su presencia pública; los expedientes y las reglas electorales establecen los límites efectivos de esa participación.

Fuentes consultadas

Sobre Duber Rodríguez

Fundador y responsable editorial de Datos Históricos. Coordina la selección de temas, el contraste de fuentes, la redacción y la revisión final de las publicaciones.