Abdul Sattar Edhi: una ambulancia convertida en una red de cuidado nacional

En las calles de Karachi, Abdul Sattar Edhi atendía a personas que podían no tener familia, dinero ni siquiera un nombre conocido. Su organización recogía heridos, trasladaba enfermos, acogía niños, enterraba cuerpos abandonados y respondía a desastres. La escala terminó siendo enorme, pero su origen estuvo en un pequeño dispensario sostenido por donaciones.
Migración, enfermedad y una idea de servicio
Edhi nació en 1928 en Bantva, en la India británica, y migró a Pakistán después de la partición. La enfermedad de su madre durante su juventud influyó en su relación con el cuidado. En Karachi trabajó con una organización comunitaria, pero rechazó limitar la ayuda a un grupo étnico o religioso.
Con recursos modestos abrió un dispensario y pidió contribuciones directamente al público. Compró una ambulancia usada que él mismo conducía. La confianza se construyó mediante presencia cotidiana: responder cuando otras instituciones no llegaban.
Una infraestructura para quienes quedaban fuera
La Edhi Foundation amplió servicios de ambulancia, maternidades, orfanatos, hogares, centros para personas con discapacidad y depósitos de cadáveres. También instaló cunas donde podían dejarse bebés de forma anónima, una medida controvertida orientada a evitar abandonos mortales.
Su esposa, Bilquis Edhi, dirigió áreas esenciales de maternidad, adopción y enfermería. Presentar la red como obra de un solo hombre borra su trabajo, el de conductores, voluntarios, médicos y donantes que sostenían operaciones durante las veinticuatro horas.
Neutralidad frente a religión, clase y política
Edhi insistía en atender a cualquier persona. Esa posición lo volvió respetado y también objeto de críticas de sectores que desconfiaban de su independencia o de ciertas prácticas sociales. Rechazó una vida de lujo y utilizó una imagen de austeridad como garantía de que las donaciones debían ir al servicio.
La organización evitó depender principalmente de gobiernos extranjeros y reunió fondos dentro de Pakistán. Esa autonomía fortaleció la confianza, aunque una institución tan grande también enfrenta retos de gestión, transparencia y continuidad más allá de la figura de su fundador.
El significado de atender a los no reclamados
Una parte menos visible del trabajo consistía en recoger e identificar cadáveres, conservarlos y ofrecer entierro digno cuando nadie los reclamaba. En conflictos, accidentes y olas de calor, esa tarea se volvía tan necesaria como transportar sobrevivientes.
Edhi murió en 2016 y recibió funeral de Estado. La red continuó bajo dirección familiar e institucional. Su legado no depende de proclamaciones sobre ser el mayor sistema del mundo, sino de una idea verificable: una ambulancia puede ser el primer eslabón de una infraestructura ética para personas a quienes la sociedad ha dejado sin apoyo.
Abdul Sattar Edhi convirtió la caridad en una operación logística permanente. Su historia muestra que la compasión no se sostiene solo con intención: necesita vehículos, turnos, registros, edificios y personas dispuestas a responder. La dignidad que ofrecía comenzaba muchas veces en el momento exacto en que alguien creía no tener a quién llamar.
Fuentes consultadas
Última revisión editorial: julio 24, 2026