Historias sorprendentes

Jeanne Baret: la primera mujer que circunnavegó el planeta

Jeanne Baret embarcó como ayudante de botánica porque las mujeres estaban excluidas de los navíos franceses. Su trabajo fue esencial y su reconocimiento llegó tarde.

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Jeanne Baret no entró en la historia porque una institución hubiera decidido reconocer su talento. Entró porque tuvo que esconder su identidad para acceder a un barco del que la ley la excluía. Su circunnavegación fue una proeza, pero también el testimonio de cuánto conocimiento científico quedó durante siglos detrás de nombres masculinos.

En 1766, la marina francesa prohibía que las mujeres viajaran en sus barcos. Jeanne Baret embarcó de todos modos. Vestida como hombre y registrada como ayudante del naturalista Philibert Commerson, entró en una expedición que pretendía rodear el planeta y ampliar el conocimiento francés sobre sus territorios, rutas y recursos.

Una botánica formada fuera de las academias

Baret nació en 1740 en una familia rural de Borgoña. No pertenecía a las instituciones científicas que daban autoridad a los naturalistas, pero conocía las plantas y trabajó estrechamente con Commerson. Cuando él fue elegido para acompañar la expedición de Louis-Antoine de Bougainville, necesitaba una persona capaz de cargar equipos, preparar ejemplares y asistirlo durante una salud cada vez más frágil.

La solución fue arriesgada. Baret se presentó como Jean, un joven asistente. Compartió los espacios reducidos de una nave militar y sostuvo una identidad que podía ser descubierta en cualquier momento. Las versiones posteriores convirtieron su revelación en una escena única y teatral en Tahití; los documentos, sin embargo, no permiten reconstruir con certeza un solo momento definitivo. Lo seguro es que su presencia dejó de ser un secreto durante el viaje.

El trabajo invisible detrás de las colecciones

En Brasil, el estrecho de Magallanes y otras escalas, Baret y Commerson recolectaron miles de especímenes. La planta ornamental que hoy conocemos como buganvilla fue descrita en ese contexto y recibió un nombre ligado al jefe de la expedición, no a quien ayudó a encontrar, transportar y ordenar buena parte de las muestras. Como ocurrió con muchas colaboradoras de la ciencia, su trabajo quedó oculto tras el nombre del naturalista reconocido.

En Mauricio, ambos abandonaron la expedición y permanecieron varios años vinculados a redes botánicas coloniales. Commerson murió en 1773. Baret siguió adelante, se casó con Jean Dubernat y regresó a Francia hacia 1775, completando así la circunnavegación que había comenzado casi una década antes.

Reconocimiento tardío y preguntas abiertas

En 1785, el Estado francés le concedió una pensión. El documento destacaba su conducta y reconocía que había rodeado el mundo. Aun así, durante mucho tiempo fue presentada solo como sirvienta o compañera de Commerson, no como una participante activa en el trabajo de campo.

Una colección puede esconder a quien la reunió

Los ejemplares botánicos de la expedición quedaron asociados principalmente con Philibert Commerson porque él ocupaba la posición oficial y su nombre organizaba el archivo. Baret cargó equipos, preparó muestras y recolectó en tierra mientras la salud de Commerson se deterioraba. Separar décadas después qué planta recogió cada uno es difícil precisamente porque el sistema no registraba su trabajo en igualdad de condiciones.

El herbario del Jardín Botánico de Nueva York conserva materiales vinculados con aquella empresa y utiliza su historia para mostrar cómo se forman las colecciones. Una etiqueta no es un reflejo neutral: resume decisiones sobre autoría, rango y acceso. Que el nombre de Baret aparezca poco no demuestra una participación menor; revela los límites documentales de una ciencia organizada alrededor de cargos masculinos.

La circunnavegación terminó después de abandonar la expedición

Baret y Commerson permanecieron en Mauricio cuando la expedición de Bougainville continuó. Ella no completó el viaje en el mismo barco ni en un recorrido continuo. Tras la muerte de Commerson, estableció una nueva vida, se casó con Jean Dubernat y regresó a Francia por otra ruta, cerrando así la vuelta al planeta.

La Corona francesa terminó concediéndole una pensión que reconocía su conducta y su ayuda al naturalista. El documento no repara el anonimato de tantas muestras, pero confirma que su contribución era conocida. Su historia gana precisión cuando se distingue el logro real de las escenas legendarias: una trabajadora sin título oficial logró entrar en una expedición prohibida y sostuvo una parte esencial de su producción científica.

Los historiadores siguen discutiendo aspectos de su vida, desde el alcance exacto de su formación hasta las circunstancias en que fue identificada. Esa incertidumbre no disminuye su importancia; recuerda que los archivos fueron producidos por instituciones que rara vez registraban la voz de mujeres rurales. Baret cruzó océanos bajo una identidad impuesta por la exclusión y dejó su huella en colecciones científicas que sobrevivieron mejor que su propio testimonio.

Una circunnavegación registrada bajo identidades desiguales

La presencia de Jeanne Baret en la expedición no puede separarse de las reglas que impedían a una mujer embarcar oficialmente con la tripulación. Presentarse como hombre no fue un detalle pintoresco, sino una respuesta a una exclusión institucional. También condicionó la forma en que su trabajo quedó descrito por compañeros y cronistas.

La investigación histórica debe distinguir lo que confirman los registros de viaje de las escenas reconstruidas mucho después. Baret recolectó y preparó ejemplares junto a Philibert Commerson, pero el reconocimiento científico se concentró durante mucho tiempo en quien tenía acceso formal a los cargos y publicaciones. Leer la circunnavegación desde esa desigualdad aporta algo más que celebrar un récord: permite observar cómo una expedición dependía de labores botánicas, domésticas y logísticas que no recibían el mismo crédito, aunque fueran indispensables para producir conocimiento.

Fuentes consultadas

Sobre Duber Rodríguez

Fundador y responsable editorial de Datos Históricos. Coordina la selección de temas, el contraste de fuentes, la redacción y la revisión final de las publicaciones.