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Frances Kelsey: la revisora que pidió más pruebas antes de aprobar la talidomida

Frances Kelsey no convirtió la falta de datos en una aprobación. Su revisión de la talidomida mostró por qué la independencia regulatoria también protege vidas.

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La FDA disponía de sesenta días para objetar una solicitud de medicamento; si dejaba pasar el plazo, esta podía entrar en vigor. Frances Oldham Kelsey recordó ese mecanismo al explicar cómo revisó la talidomida en 1960. Mantenerla fuera del mercado estadounidense exigió señalar deficiencias concretas y comunicarlas a tiempo.

Una científica formada en farmacología

Kelsey nació en Canadá en 1914 y estudió farmacología en la Universidad de Chicago. Participó en investigaciones sobre cómo ciertos medicamentos atravesaban la placenta, experiencia especialmente relevante para evaluar fármacos usados durante el embarazo. Obtuvo títulos en ciencia y medicina antes de incorporarse a la FDA.

Su decisión no fue intuición aislada. Aplicó los requisitos disponibles y examinó inconsistencias en la solicitud de la compañía Richardson-Merrell. El sistema permitía que una solicitud entrara en vigor si la agencia no objetaba dentro de un plazo, por lo que cada solicitud de información reiniciaba el proceso.

Señales que la empresa no resolvía

La talidomida se promocionaba como sedante y tratamiento para náuseas. Kelsey pidió estudios crónicos, datos de embarazo y explicaciones sobre neuropatías reportadas en Europa. Las respuestas no demostraban seguridad suficiente. La compañía distribuyó muestras a médicos dentro de un programa “experimental”, de modo que algunas personas en Estados Unidos sí estuvieron expuestas.

En 1961 se hizo evidente la relación entre talidomida y graves malformaciones congénitas. Miles de niños nacieron afectados en países donde el medicamento había sido ampliamente utilizado. La solicitud estadounidense fue retirada.

Una heroína dentro de una institución imperfecta

El presidente John F. Kennedy concedió a Kelsey el premio al Servicio Civil Federal Distinguido. La prensa la presentó como la mujer que había detenido la talidomida. Ese reconocimiento era merecido, pero la prevención también dependió de su equipo, de las facultades regulatorias y de investigadores que detectaron el daño en otros países.

La historia no demuestra que una sola persona pueda sustituir un sistema. Demuestra que un sistema necesita profesionales con independencia, tiempo y autoridad para exigir pruebas incluso cuando la presión comercial favorece la velocidad.

Nuevas reglas para los medicamentos

La crisis contribuyó a la aprobación de las enmiendas Kefauver-Harris de 1962. Los fabricantes debían demostrar no solo seguridad, sino eficacia, y se reforzaron controles sobre ensayos y publicidad. Kelsey continuó durante décadas en la FDA desarrollando normas de investigación y vigilancia.

La regulación posterior no eliminó riesgos ni errores. Estableció una idea fundamental: la ausencia de evidencia de daño no equivale a evidencia suficiente de seguridad, especialmente cuando un medicamento alcanzará a millones de personas.

Tres revisores y un expediente incompleto

En sus Autobiographical Reflections, Kelsey identifica a Lee Geismar, responsable de la revisión química, y a Jiro Oyama, encargado de los estudios farmacológicos en animales. Ella examinaba la parte médica. Los tres encontraron problemas en la primera revisión. Bastaba una deficiencia en uno de los ámbitos para impedir que el expediente avanzara automáticamente.

Geismar podía leer alemán y detectó errores en traducciones de los documentos del fabricante. Kelsey no afirmó que todos fueran decisivos, pero explicó la utilidad de contrastar el material con su idioma original. Oyama planteó otra pregunta: si los animales absorbían mal la sustancia, tolerar grandes cantidades por vía oral podía ofrecer una imagen engañosa de su seguridad.

El recuerdo de Kelsey también limita lo que debe atribuírsele. La preocupación por la neuritis periférica llevó a preguntar por posibles efectos durante el embarazo; el equipo todavía no conocía la magnitud de las malformaciones que se identificarían después. Su objeción se apoyaba en lo que faltaba demostrar entonces.

La exposición que sí ocurrió en Estados Unidos

La ausencia de autorización comercial no impidió que el patrocinador distribuyera muestras a médicos. La historia de los ensayos clínicos publicada por la FDA documenta que hubo pacientes expuestos sin saber que recibían un medicamento experimental. Por eso el resultado de la revisión y los límites del sistema deben examinarse juntos.

Tras las reformas de 1962, Kelsey dirigió tareas de supervisión de investigadores y de integridad de datos. La revisión de la talidomida fue un episodio de esa trayectoria más amplia: comprobar quién había realizado un estudio, qué había observado y si sus resultados podían sostener una decisión regulatoria.

Fuentes consultadas

Sobre Duber Rodríguez

Fundador y responsable editorial de Datos Históricos. Coordina la selección de temas, el contraste de fuentes, la redacción y la revisión final de las publicaciones.