Abdul Sattar Edhi: una ambulancia convertida en una red de cuidado nacional
Abdul Sattar Edhi convirtió un pequeño dispensario en una red humanitaria de ambulancias, refugios y cuidado para personas sin apoyo en Pakistán.

En su discurso al recibir el Premio Ramon Magsaysay de 1986, Abdul Sattar Edhi describió una red de ochenta ambulancias y centros de atención entre ciudades. También detalló el trabajo de Bilquis Edhi en una maternidad y en la formación de mujeres. El premio reconocía a los dos: la atención de urgencias dependía de servicios que continuaban después del traslado.
Migración, enfermedad y una idea de servicio
Edhi nació en 1928 en Bantva, en la India británica, y migró a Pakistán después de la partición. La enfermedad de su madre durante su juventud influyó en su relación con el cuidado. En Karachi trabajó con una organización comunitaria, pero rechazó limitar la ayuda a un grupo étnico o religioso.
Con recursos modestos abrió un dispensario y pidió contribuciones directamente al público. Compró una ambulancia usada que él mismo conducía. La confianza se construyó mediante presencia cotidiana: responder cuando otras instituciones no llegaban.
Una infraestructura para quienes quedaban fuera
La Edhi Foundation amplió servicios de ambulancia, maternidades, orfanatos, hogares, centros para personas con discapacidad y depósitos de cadáveres. También instaló cunas donde podían dejarse bebés de forma anónima, una medida controvertida orientada a evitar abandonos mortales.
Su esposa, Bilquis Edhi, dirigió áreas esenciales de maternidad, adopción y enfermería. Presentar la red como obra de un solo hombre borra su trabajo, el de conductores, voluntarios, médicos y donantes que sostenían operaciones durante las veinticuatro horas.
Neutralidad frente a religión, clase y política
Edhi insistía en atender a cualquier persona. Esa posición lo volvió respetado y también objeto de críticas de sectores que desconfiaban de su independencia o de ciertas prácticas sociales. Rechazó una vida de lujo y utilizó una imagen de austeridad como garantía de que las donaciones debían ir al servicio.
La organización evitó depender principalmente de gobiernos extranjeros y reunió fondos dentro de Pakistán. Esa autonomía fortaleció la confianza, aunque una institución tan grande también enfrenta retos de gestión, transparencia y continuidad más allá de la figura de su fundador.
Lo que Edhi enumeró en 1986
El discurso conservado por la fundación del premio permite situar cifras en una fecha concreta. Edhi informó de ochenta ambulancias en operación y de centros separados aproximadamente por cien millas en la red que describía. Mencionó también tres dispensarios y maternidades con atención permanente. Son datos de su intervención de 1986, no un inventario actual de la organización.
Bilquis dirigía una maternidad de cien camas y un programa de formación de seis meses para mujeres con pocos recursos. Según el discurso, las participantes recibían un estipendio durante el aprendizaje. Cuidar a recién nacidos, atender partos y preparar cuerpos para el entierro formaban parte de una organización de trabajo que necesitaba personal capacitado.
La ceremonia concedió el premio de servicio público a Abdul Sattar y Bilquis conjuntamente. Ese documento permite reconocer la responsabilidad de ella sin reducirla a una ayuda ocasional al fundador.
Un servicio que incluía a quienes nadie reclamaba
La atención continuaba cuando una persona moría sin familiares localizables. La organización recogía cuerpos, buscaba a quienes pudieran reclamarlos y organizaba el entierro. En su intervención, Edhi distinguió además los casos que requerían asistencia de las autoridades policiales.
Edhi murió en 2016. El discurso de tres décadas antes conserva algo distinto de una imagen de austeridad personal: una descripción de ambulancias, camas, turnos y formación. Permite examinar cómo se había convertido una iniciativa de ayuda en una red con tareas diferenciadas.