Memoria histórica

Las chicas del radio: trabajadoras que obligaron a reconocer una enfermedad industrial

Las pintoras de esferas luminosas convirtieron sus enfermedades en evidencia pública. Sus demandas revelaron cómo una industria repartió de forma desigual el conocimiento y el riesgo.

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Durante cinco minutos, cada una de las cinco demandantes respiró a través del equipo preparado para recoger su aliento. Elizabeth Damon Hughes llevó los resultados al litigio de las pintoras de U.S. Radium en 1928. El objetivo era demostrar que la exposición no había terminado cuando dejaron la fábrica: una señal radiactiva seguía saliendo de sus cuerpos.

Durante la Primera Guerra Mundial y la década de 1920, relojes e instrumentos con números luminosos parecían una maravilla moderna. Jóvenes trabajadoras aplicaban pintura mezclada con radio en fábricas de Nueva Jersey, Illinois y Connecticut. Para formar una punta fina en el pincel, muchas seguían la instrucción de llevarlo a los labios.

Un material celebrado como saludable

El radio aparecía en publicidad, cosméticos y productos de supuesta salud. Dentro de la industria existía, sin embargo, evidencia creciente de que una exposición intensa era peligrosa. Técnicos de laboratorio utilizaban protección mientras las pintoras recibían pocas advertencias y podían salir del trabajo con polvo luminoso en la ropa.

El radio ingerido se comporta de manera semejante al calcio y puede depositarse en los huesos. Con el tiempo, varias trabajadoras desarrollaron lesiones de mandíbula, anemia, fracturas, tumores y otras enfermedades. Los diagnósticos iniciales fueron erróneos o utilizados para desacreditarlas.

Demostrar el vínculo

Investigadores y médicos comenzaron a conectar los síntomas con la exposición ocupacional. En Nueva Jersey, el científico Harrison Martland utilizó mediciones y autopsias para documentar contaminación interna. Las empresas respondieron de maneras distintas, pero hubo esfuerzos por cuestionar estudios, retrasar responsabilidades y aprovechar plazos legales.

Grace Fryer, antigua trabajadora, tardó en encontrar un abogado dispuesto a enfrentar a U.S. Radium. Ella y otras cuatro mujeres presentaron una demanda que obtuvo gran atención pública. En Illinois, Catherine Donohue y compañeras emprendieron otra lucha legal mientras su salud se deterioraba.

Del aliento al movimiento de una lámina de oro

La reconstrucción del NIST describe una toma de muestras que eliminaba humedad, polvo y otras sustancias antes de recoger el aire con radón. Hughes examinó las muestras con un electroscopio. La radiación ionizaba el aire del instrumento y aceleraba la pérdida de carga de una fina lámina de oro.

Hughes informó de una descarga al menos dos veces más rápida que la de los controles. Reconoció que la medición era cualitativa: mostraba una diferencia, sin estimar por completo el radio acumulado en cada cuerpo.

Qué aceptaron las cinco demandantes

El 4 de junio de 1928 aceptaron 10.000 dólares por persona, gastos médicos y una pensión anual de 600 dólares. La oferta anterior descontaba gastos de la suma inicial; por eso la habían rechazado.

El arreglo resolvía las reclamaciones de esas cinco mujeres. Otras trabajadoras siguieron litigando. En octubre de 1929, el acuerdo del caso de Mae Cubberley Canfield incluyó una condición que afectó a futuras demandas: su abogado, Raymond Berry, aceptó no representar a más pintoras contra U.S. Radium. Las indemnizaciones individuales y la posibilidad de continuar reclamando quedaron ligadas en la negociación.

Fuentes consultadas

Sobre Duber Rodríguez

Fundador y responsable editorial de Datos Históricos. Coordina la selección de temas, el contraste de fuentes, la redacción y la revisión final de las publicaciones.