Memoria histórica

Armero, 1985: la tragedia anunciada que llegó con el río de lodo

Treinta y siete días antes de la tragedia de Armero se presentó un mapa de amenaza del Nevado del Ruiz. Los documentos permiten seguir la advertencia y explicar cómo una erupción distante destruyó la ciudad.

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El 7 de octubre de 1985, los geólogos Eduardo Parra Palacio y Ariel Solano presentaron en Bogotá el primer mapa de amenaza volcánica del Nevado del Ruiz. La reunión se celebró en el Ministerio de Minas y reunió a autoridades nacionales y regionales. El Servicio Geológico Colombiano conserva fotografías del acto y recortes de la prensa que difundió la información.

Treinta y siete días después, la erupción del 13 de noviembre desencadenó los flujos de lodo que destruyeron Armero. El mapa permite situar la pregunta central de aquella tragedia: cómo una amenaza identificada antes de la erupción llegó a una población que seguía dentro de su recorrido.

El mapa que se preparó en septiembre

Una erupción menor, el 11 de septiembre, había impulsado la solicitud del documento. INGEOMINAS comenzó a elaborarlo el día 19, con la colaboración de John Tomblin, de la oficina de Naciones Unidas para desastres, y de profesores y estudiantes de la Universidad de Caldas. Trabajaron a escala 1:50.000 y entregaron el mapa el 7 de octubre. Según la reconstrucción del SGC, sus detalles aparecieron en La Patria y El Espectador durante los días siguientes.

Un mapa de amenaza representa las zonas que pueden alcanzar determinados fenómenos volcánicos. No anuncia la hora de una erupción. Esa diferencia resulta decisiva en Armero: reconocer el corredor de un posible flujo y decidir cuándo evacuar son tareas conectadas, pero requieren información, responsables y procedimientos distintos.

La ciudad estaba asentada sobre depósitos de antiguos lahares, es decir, sobre materiales que otros flujos volcánicos habían dejado allí. La distancia respecto de la cumbre podía sugerir protección a quien pensara únicamente en lava o rocas expulsadas por el cráter. Los valles fluviales, sin embargo, conectaban el volcán con tierras mucho más bajas.

Cómo el hielo de la cumbre llegó hasta Armero

La reconstrucción de Thomas Pierson, Richard Janda, Jean-Claude Thouret y Carlos Borrero, publicada en 1990, sitúa el episodio eruptivo principal a las 21:08, hora local. Material volcánico caliente se extendió sobre sectores de nieve y hielo de la cumbre y produjo una fusión rápida. El agua liberada comenzó a descender por varias cuencas.

Durante el descenso, aquella agua incorporó sedimentos, rocas y otros materiales de los cauces. El volumen y la capacidad destructiva del flujo crecieron. Esta secuencia explica por qué reducir el desastre a «el volcán derritió su nieve» deja fuera una parte esencial: el terreno recorrido también alimentó los lahares.

Hacia Armero, los flujos avanzaron por el sistema de los ríos Azufrado y Lagunilla. Al salir del relieve encajonado y alcanzar la llanura ocupada por la ciudad, pudieron extenderse lateralmente. Lo que llegó era una mezcla densa de agua y escombros que arrastraba y sepultaba construcciones.

El informe del USGS estima que los lahares alcanzaron Armero aproximadamente dos horas después de la erupción. Ese intervalo ayuda a comprender el problema de la alerta: el desastre de la ciudad ocurrió después del episodio en la cumbre, mientras el material descendía por los valles.

Una advertencia que no se convirtió en evacuación

El balance del Observatorio de Volcanes de Hawái, perteneciente al USGS, identifica dificultades para comunicar con rapidez lo que estaba ocurriendo. La lluvia ocultó la erupción a los habitantes de Armero. La información de quienes sí podían advertir la actividad no circuló de manera eficaz hasta la población amenazada.

La existencia del mapa prueba que se había reconocido el peligro. Su presentación a las autoridades y su aparición en periódicos no demuestran que cada familia conociera una ruta de salida, que hubiera recibido una orden comprensible o que dispusiera de ayuda para desplazarse esa noche. Son eslabones diferentes de la respuesta que debe reconstruirse al estudiar la tragedia.

Por eso, la expresión «tragedia anunciada» exige precisión. Había antecedentes y una amenaza documentada; no existía una predicción exacta del momento en que Armero sería alcanzada. Tampoco corresponde atribuir toda la secuencia a una sola frase o a una sola persona sin cotejar los registros de comunicaciones y decisiones.

Murieron más de veinte mil personas. Las estimaciones varían entre las fuentes y algunas suman las víctimas de otras poblaciones afectadas por la erupción. La magnitud de la pérdida convirtió a Armero en uno de los desastres volcánicos más mortales del siglo XX.

La respuesta que comenzó al año siguiente

En 1986 se creó el Programa de Asistencia para Desastres Volcánicos, conocido como VDAP, como respuesta directa a la catástrofe. Su trabajo con observatorios de distintos países incorporó instrumentación, formación y apoyo para interpretar y comunicar señales de actividad volcánica.

El caso de Armero quedó así vinculado a una tarea concreta de la vigilancia: conseguir que las observaciones de un volcán lleguen a quienes tienen que decidir y actuar en los pueblos situados aguas abajo. El expediente de octubre de 1985 conserva el primer tramo de esa cadena: un mapa terminado, una reunión identificable y una advertencia que alcanzó la prensa antes de que el lodo alcanzara la ciudad.

Fuentes y documentos

Sobre Duber Rodríguez

Fundador y responsable editorial de Datos Históricos. Coordina la selección de temas, el contraste de fuentes, la redacción y la revisión final de las publicaciones.