Vasili Arkhipov y el submarino B-59: la decisión tomada sin saber si la guerra ya había comenzado

Publicado el julio 30, 2026 En Conflictos y poder

El 27 de octubre de 1962, el submarino soviético B-59 navegaba cerca de Cuba sin contacto fiable con Moscú. Buques estadounidenses habían localizado la nave y lanzaban pequeñas cargas de profundidad para obligarla a salir a la superficie. La tripulación no sabía que eran señales acordadas por Estados Unidos ni si la guerra había empezado. El submarino llevaba un torpedo nuclear. En el interior, el capitán Valentin Savitsky, el oficial político Ivan Maslennikov y el jefe de flotilla Vasili Arkhipov discutieron qué hacer.

Calor, baterías agotadas y falta de información

Los submarinos diésel de la clase Foxtrot necesitaban emerger para cargar baterías. En aguas cálidas, con ventilación limitada y buques enemigos alrededor, la temperatura y el dióxido de carbono aumentaron. La tensión física influía sobre decisiones tomadas bajo incertidumbre extrema.

La Marina estadounidense pretendía usar cargas no letales como señal. Sin embargo, la comunicación sobre el procedimiento no había llegado de manera segura a los comandantes soviéticos. Desde el interior, las explosiones podían interpretarse como ataque.

Un torpedo que no necesitaba una orden de Moscú

El B-59 llevaba un torpedo con cabeza nuclear para defensa de la flotilla. Testimonios posteriores indican que Savitsky consideró prepararlo. Debido a la posición especial de Arkhipov como jefe de estado mayor de la brigada embarcado en esa nave, se necesitaba su acuerdo además del capitán y del oficial político.

Arkhipov se opuso y defendió salir a la superficie para establecer contacto. La conversación exacta no fue grabada y algunas reconstrucciones difieren. El núcleo del episodio proviene de testimonios soviéticos posteriores y documentos sobre el despliegue.

Salir a la superficie sin rendirse

El submarino emergió entre barcos y aviones estadounidenses. Después de cargar aire y evaluar la situación, regresó a la Unión Soviética. Las fuerzas estadounidenses no sabían que el B-59 llevaba un arma nuclear, dato que revela la distancia entre las intenciones de señalización y el riesgo real.

La crisis continuó resolviéndose mediante negociaciones entre Washington y Moscú. La decisión dentro del submarino fue uno de varios momentos en los que errores, operaciones militares y comunicaciones incompletas pudieron producir una escalada fuera del control político.

¿El hombre que salvó el mundo?

Arkhipov es descrito frecuentemente con esa frase. Resume la magnitud potencial de su negativa, pero convierte una crisis sistémica en la acción de un solo héroe. No podemos saber con certeza qué habría ocurrido después de un lanzamiento ni si otros factores habrían detenido una guerra nuclear.

Su decisión sigue siendo relevante porque introdujo una pausa en un entorno que empujaba hacia la acción. La historia no demuestra que el sistema funcionó: demuestra que dependió peligrosamente de juicio humano bajo calor, miedo y falta de información.

El B-59 no lanzó su torpedo. Esa frase breve contiene una cadena de decisiones, protocolos defectuosos y percepciones incompatibles. Arkhipov no eliminó la amenaza nuclear; se negó a actuar como si la incertidumbre fuera una confirmación. En una crisis de minutos, pedir tiempo fue una forma de resistencia.

Fuentes consultadas

Última revisión editorial: julio 24, 2026

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