Momentos icónicos del fotomatón de los últimos 100 años
Aunque la tecnología de las cámaras automatizadas se remonta a la década de 1850, el primer fotomatón completamente funcional y fácil de usar fue cortesía del inmigrante siberiano Anatol Josepho en 1925. Su “Photomaton” fue un éxito instantáneo desde su estudio de Times Square en la ciudad de Nueva York, atrayendo multitudes diarias de hasta 7.500 personas que entregaban una cuarta parte de ellas para recibir una tira de ocho fotografías recién impresas.
Mucho ha cambiado desde los días en que un equipo de asistentes tenía que guiar a los clientes asombrados a través del proceso de tomar fotografías y esperar ocho minutos para obtener el producto terminado. Las versiones mejoradas de la máquina eventualmente entregaron sus productos mucho más rápido, agregaron color y se convirtieron en una presencia omnipresente en salas de juegos, parques de diversiones y estaciones de tránsito a medida que su popularidad aumentaba y disminuía.
Pero lo que no ha cambiado es la función del fotomatón como gran igualador social, que se hizo evidente tan pronto como el gobernador de Nueva York, Al Smith, se unió al resto de lugareños y turistas que hicieron fila para posar para este curioso artilugio en plenos locos años 20.
Si bien muchos de los delicados recuerdos del fotomatón se han perdido en el siglo transcurrido desde su invención, aquí hay un vistazo a siete supervivientes que resumen las épocas en las que fueron tomados.
Pareja desconocida, hacia 1930
Segundo fotomatón americano Por Näkki Goranin, En la década de 1930 surgieron fotomatones por todo el país que ofrecían una variedad de experiencias. Algunos estudios proporcionaron fondos pintados distintos, mientras que otros proporcionaron accesorios como recortes de cartón y sombreros. Esta pareja no identificada de 1930 parece haber disfrutado de la última opción mientras blandían una sombrilla y una variedad de tocados victorianos para realzar su atuendo de la época de la Depresión y animar la sesión.
La historia del fotomatón refleja cómo una innovación tecnológica aparentemente sencilla logró convertirse en una parte entrañable de la vida cotidiana y de la memoria colectiva de millones de personas. Desde su aparición en la década de 1920, estas máquinas ofrecieron algo revolucionario para su época: la posibilidad de obtener fotografías rápidas, accesibles y automáticas sin necesidad de acudir a un estudio profesional tradicional. Gracias a ello, el fotomatón transformó la manera en que las personas capturaban recuerdos y compartían momentos personales.
Aunque los intentos de automatizar la fotografía existían desde el siglo XIX, fue el inventor Anatol Josepho quien logró crear el primer sistema verdaderamente funcional y práctico con su famoso “Photomaton” en 1925. Instalado en Times Square, el invento se convirtió rápidamente en una sensación. Miles de personas hacían fila para experimentar la novedad de recibir una tira de fotografías impresas pocos minutos después de posar frente a la cámara. En una época donde las fotografías todavía eran relativamente costosas y formales, el fotomatón ofrecía una experiencia rápida, divertida y accesible para el público general.
El enorme éxito del fotomatón demuestra cómo las personas siempre han sentido la necesidad de preservar recuerdos y capturar su propia imagen. Las pequeñas tiras fotográficas no solo servían como retratos, sino también como recuerdos personales, muestras de amistad, amor o momentos compartidos. Muchas de estas imágenes terminaron guardadas en álbumes familiares, pegadas en espejos o conservadas durante generaciones, convirtiéndose en pequeños fragmentos de historia personal.
Con el paso del tiempo, la tecnología evolucionó significativamente.
Las máquinas se volvieron más rápidas, incorporaron fotografía a color y aparecieron en espacios públicos como centros comerciales, estaciones, salas de juegos y parques de diversiones. A pesar de la llegada de cámaras digitales y teléfonos inteligentes, el fotomatón mantuvo cierto encanto especial gracias a su experiencia física y espontánea. El acto de entrar en una pequeña cabina, posar rápidamente y esperar las fotografías impresas se convirtió en una experiencia social y nostálgica que sigue atrayendo personas incluso en la era digital.
Además, el fotomatón refleja la democratización de la fotografía durante el siglo XX. Lo que antes requería equipos complejos y fotógrafos profesionales comenzó a estar disponible para cualquier persona con unas monedas en el bolsillo. Esto ayudó a transformar la fotografía en una actividad cotidiana y accesible para la sociedad en general.
En conclusión, el fotomatón no solo fue un avance tecnológico innovador, sino también un fenómeno cultural que cambió la relación de las personas con la fotografía y los recuerdos. Desde las primeras máquinas en Times Square hasta las modernas cabinas digitales actuales, estas pequeñas cámaras automáticas han permitido capturar momentos espontáneos que continúan formando parte de la memoria personal y colectiva de generaciones enteras.