Lugares con historia

Kowloon: cómo funcionaba la ciudad amurallada de Hong Kong

Las fotografías de Kowloon muestran una enorme masa de edificios. Los documentos del antiguo Yamen y los testimonios de quienes recorrieron sus pasillos permiten conocer las viviendas, los talleres y los servicios que había dentro.

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En la ciudad amurallada de Kowloon hubo un edificio que fue oficina de un funcionario imperial y, después, albergó instituciones dedicadas a ancianos, viudas, huérfanos, enseñanza y atención médica. Era el Yamen, una construcción de ladrillo gris con tres salas y dos patios. Sobrevivió a la demolición del barrio y todavía permite seguir parte de su historia.

La imagen más difundida de Kowloon suele mostrar el conjunto desde fuera: edificios pegados unos a otros y pasillos que apenas recibían luz. El Yamen ofrece otra entrada al lugar. Sus cambios de uso ayudan a reconocer una población que necesitaba vivienda y servicios dentro de un territorio cuya autoridad se disputaba.

De guarnición Qing a enclave disputado

La ciudad fortificada se construyó en 1847 para reforzar las defensas costeras chinas frente a la presencia británica en Hong Kong. En el Yamen trabajaba el funcionario local y la parte posterior servía de residencia. La conservación de esa distribución permite identificar una función administrativa anterior al crecimiento de los bloques de viviendas.

El arrendamiento de los Nuevos Territorios a Gran Bretaña, en 1898, dejó una situación particular en la ciudad amurallada: los funcionarios Qing permanecieron inicialmente dentro del recinto. En 1899, tropas británicas los expulsaron. El conflicto por la autoridad sobre aquel espacio continuó condicionando la intervención de los gobiernos.

Durante la ocupación japonesa de 1941–1945 se desmontaron las murallas y se reutilizó su piedra para ampliar el cercano aeródromo de Kai Tak. El nombre de ciudad amurallada sobrevivió a sus muros. Después de la guerra, las viviendas se multiplicaron y crecieron en altura sobre una superficie limitada.

Por qué no basta con llamarla «una ciudad sin ley»

La historiadora del arte Jung Joon Lee, al estudiar las fotografías y entrevistas reunidas por Greg Girard e Ian Lambot, describe una autonomía condicionada por las relaciones entre China y la administración colonial. También señala un dato que suele desaparecer en las versiones más espectaculares: la ciudad recibía patrullajes policiales.

Había actividades delictivas, negocios sin licencia y una intervención administrativa desigual. Eso no equivale a que ningún agente cruzara sus límites ni a que los habitantes vivieran fuera de toda relación con Hong Kong. Los alquileres accesibles atraían a personas que encontraban allí una posibilidad de instalarse y trabajar.

En los años setenta, algunos edificios alcanzaban catorce plantas. La construcción de unos junto a otros redujo la entrada de luz y creó una circulación interior que resultaba difícil de entender desde la calle. Las fotografías de viviendas, pequeños comercios y fábricas documentan usos distintos dentro de aquella misma masa construida.

Lo que encontraban quienes entraban

Girard, que fotografió el barrio antes de su desaparición, recordó en una entrevista con 99% Invisible los balcones cerrados que los vecinos añadían para ganar espacio, aire y luz. En los callejones encontró cables, humedad y los sonidos de talleres y cocinas comerciales. Su testimonio permite vincular esa arquitectura con operaciones cotidianas: ampliar una habitación o producir mercancías.

En la misma entrevista, el arquitecto Aaron Tan explicó que ciertos olores servían para orientarse entre los negocios. La actividad incluía producción de alimentos y textiles. Organizaciones de residentes intervenían en disputas vecinales; también existían conexiones eléctricas irregulares que se volvían a tender después de los cortes.

Estos arreglos mantenían actividades necesarias, con costos y riesgos para quienes vivían allí. Girard recordó su preocupación por el peligro de incendio y las condiciones sanitarias. Tan, que entrevistó a antiguos habitantes, encontró recuerdos divididos: algunos valoraban haber accedido a una vivienda mejor; otros extrañaban la proximidad de los servicios y de sus vecinos.

El desalojo y el parque

En 1987, el gobierno de Hong Kong anunció, con el acuerdo de las autoridades chinas, la eliminación del barrio y la construcción de un parque. La decisión abrió un proceso de desalojo y traslado de habitantes y negocios. La demolición se desarrolló en 1993–1994; la cronología oficial del parque sitúa su final en abril de 1994 y la apertura del nuevo recinto el 22 de diciembre de 1995.

Para interpretar ese cambio conviene distinguir las fuentes. El relato oficial describe la recuperación patrimonial y la obra del parque. Las entrevistas a residentes permiten conocer qué significó perder una vivienda o cambiar de entorno. Ninguna fotografía aérea puede expresar por sí sola todas esas experiencias.

El Yamen fue restaurado y recibió la declaración de monumento en 1996. Cerca de él quedaron otros restos del recinto original: durante los trabajos aparecieron dos placas de granito de la antigua entrada meridional, una con la inscripción «Puerta Sur» y otra con el nombre de la ciudad. Se conservaron también pavimentos, cimientos y un tramo del desagüe interior.

Las placas se pueden ver en el lugar donde estuvieron los edificios. Las fotografías de Girard y Lambot conservan otra escala del barrio: habitaciones, mesas de trabajo, cocinas y familias. Entre esos registros materiales y personales se puede reconstruir cómo funcionó Kowloon antes de convertirse en parque.

Fuentes y testimonios

Sobre Duber Rodríguez

Fundador y responsable editorial de Datos Históricos. Coordina la selección de temas, el contraste de fuentes, la redacción y la revisión final de las publicaciones.