Lalibela: las iglesias que fueron excavadas hacia el interior de la roca

Publicado el julio 24, 2026 En Lugares con historia

En Lalibela, una iglesia puede aparecer primero como un vacío rectangular abierto en la tierra. Al acercarse, el visitante descubre que el edificio no fue levantado piedra sobre piedra: fue separado de la roca circundante mediante zanjas y tallado hacia abajo. Once iglesias medievales forman un paisaje religioso de patios, túneles y fachadas. No son ruinas abandonadas. Siguen siendo lugares de culto y destino de peregrinación para la Iglesia ortodoxa etíope.

Una capital vinculada al rey Lalibela

La tradición atribuye el conjunto al rey Gebre Mesqel Lalibela, gobernante de la dinastía Zagüe entre los siglos XII y XIII. Los relatos religiosos cuentan que quiso crear una nueva Jerusalén. Nombres como río Jordán y referencias bíblicas organizan parte del paisaje sagrado.

La arqueología muestra fases, modificaciones y reparaciones que dificultan imaginar una única campaña constructiva. El patronazgo real pudo coordinar grandes obras, pero canteros, clérigos y comunidades mantuvieron los edificios durante generaciones.

Construir eliminando materia

Algunas iglesias son monolíticas: fueron liberadas por sus cuatro lados y talladas desde el techo hasta la base. Otras están excavadas en paredes o integradas a cuevas. El trabajo exigía planificar antes de retirar roca, porque un error estructural no podía corregirse añadiendo fácilmente un bloque nuevo.

Bet Giyorgis, con planta de cruz, es la imagen más reconocida. Sin embargo, el significado del conjunto depende de las relaciones entre edificios, pasajes, canales y espacios exteriores. El recorrido reproduce una geografía espiritual, no una colección de monumentos independientes.

Liturgia y vida cotidiana

Sacerdotes, monjes y fieles utilizan las iglesias durante todo el año. En celebraciones como Genna, la Navidad etíope, miles de peregrinos llegan vestidos de blanco, rezan en patios y atraviesan pasajes estrechos. La continuidad ritual distingue a Lalibela de un museo arqueológico convencional.

Ese uso vivo crea responsabilidades complejas. Las intervenciones de conservación deben proteger roca y pinturas sin impedir prácticas religiosas. Las decisiones técnicas requieren diálogo con quienes consideran los edificios parte de una tradición espiritual activa.

Agua, erosión y cubiertas controvertidas

La roca volcánica es vulnerable a lluvia, variaciones térmicas y humedad. Grandes cubiertas protectoras fueron instaladas sobre algunas iglesias para reducir el deterioro, pero su impacto visual y comportamiento estructural han generado debate. Una protección mal diseñada también puede alterar ventilación y circulación de agua.

La UNESCO y especialistas etíopes trabajan en documentación, drenaje y conservación. El reto no consiste en congelar el sitio en una fecha medieval, sino en mantenerlo seguro mientras continúa cambiando y siendo habitado.

Lalibela impresiona porque invierte la lógica habitual de la arquitectura: el edificio aparece al retirar la montaña. Su historia, sin embargo, no termina en la proeza técnica. Cada ceremonia y reparación demuestra que la roca tallada sigue formando parte de una comunidad que la reconoce como espacio sagrado.

Fuentes consultadas

Última revisión editorial: julio 24, 2026

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